Sobre Mí
Mi Historia Personal
Mi camino espiritual nació del dolor más profundo. A los 3 años, tras perder a mi abuelo, mi familia fue captada por una religión restrictiva que controlaba cada aspecto de nuestra existencia. Crecí con un temor paralizante hacia Dios, privada de celebraciones, aislada de otros niños, y bajo la creencia opresiva de que las mujeres éramos seres inferiores. Esta infancia marcada por limitaciones y prohibiciones sembró en mí, sin saberlo entonces, una poderosa semilla de búsqueda espiritual auténtica que germinaría años después.
A los 14 años, una apendicitis me enfrentó a la aterradora prohibición de recibir sangre, aunque mi vida pendiera de un hilo. Sentí por primera vez el verdadero terror de pertenecer a un sistema que valoraba más sus dogmas que mi propia existencia. El simple acto de enamorarme de alguien ajeno a la religión desencadenó mi verdadero descenso al infierno: juicios humillantes, expulsión definitiva y un aislamiento devastador de mi familia y amigos. Aquellos que antes proclamaban amarme incondicionalmente, ahora me trataban como si hubiera dejado de existir en sus vidas.
Depresión y retorno
Sumida en una espiral de ansiedad y depresión abrumadoras, regresé a la religión y me casé dentro de ella buscando aceptación. Tras apenas dos años comenzó un maltrato que se extendería durante ocho años más. Durante este oscuro período, aprendí a silenciar mi voz interior, a negar mis intuiciones más profundas y a sobrevivir en un ambiente de constante miedo y vigilancia. Mi cuerpo, sabio mensajero, comenzó a manifestar este sufrimiento silencioso con diversos problemas de salud que ningún médico lograba explicar ni tratar efectivamente.
Escape y primer despertar
Un episodio particularmente violento con mi ex marido me impulsó a huir, dejando atrás mi tierra natal, mi matrimonio y la religión que había definido toda mi identidad. Encontré a mi primer terapeuta, Juan, quien sembró las semillas iniciales de mi sanación. Abandonar todo lo conocido fue aterrador, pero por primera vez en incontables años, pude respirar libremente. Juan me reveló que mis dolorosas experiencias no eran un castigo divino sino valiosas oportunidades para crecer y evolucionar. Gradualmente, comencé a reconectar con mi intuición adormecida y a cuestionar las creencias limitantes que habían sido grabadas a fuego en mi mente.
Maternidad y transformación
Mi vida comenzó a transformarse radicalmente, primero con la llegada inesperada del amor verdadero en la persona de Juan Carlos, quien me permitió descubrir por primera vez lo que significaba un amor sano y profundamente respetuoso. Apenas cinco meses después, de forma casi milagrosa y tras intentos infructuosos por ser madre, recibí la noticia que cambiaría mi existencia para siempre: nuestra hija Mia venía en camino.
La llegada de mi pequeña iluminó heridas que permanecían sin sanar en las sombras de mi ser. Con mi segunda terapeuta, Mayka, experimenté mi auténtico despertar espiritual y una sanación que alcanzó las capas más profundas de mi alma. La maternidad me confrontó directamente con mis propios miedos ancestrales y patrones repetitivos. Descubrí una verdad universal: para amar genuinamente a mi hija, necesitaba primero abrazarme y amarme a mí misma. Mayka me guió con sabiduría a través de un proceso transformador de perdón—hacia mi familia, mi ex pareja, la religión opresora y, sobre todo, hacia mi propio ser. Fue durante estas poderosas sesiones cuando comencé a percibir sensaciones energéticas sutiles y a sentir presencias amorosas que me acompañaban y protegían.
Apertura espiritual
La transición física de mi abuela abrió inesperadamente un canal luminoso en mí para escuchar "las voces": seres de luz, guías espirituales y seres queridos que habían partido al otro plano. Al principio, esta conexión interdimensional me desconcertó y asustó, pero pronto comprendí que era un don sagrado que debía honrar y desarrollar conscientemente. Inicié un intenso estudio de diversas disciplinas espirituales, desde meditación profunda hasta técnicas avanzadas de canalización. Cada práctica me permitía sumergirme más en mi sensibilidad innata y comprender con mayor claridad los mensajes trascendentales que recibía. Mi abuela se convirtió en mi primera guía desde el otro lado del velo, enseñándome con paciencia a confiar plenamente en mis percepciones sutiles.
Mi formación como terapeuta emocional emergió como una necesidad interior imperiosa de transformar mi profundo dolor en servicio amoroso hacia los demás. Estudié con dedicación diversas técnicas terapéuticas, hipnosis clínica, regresión a vidas pasadas y trabajo energético multidimensional. Cada nuevo aprendizaje resonaba profundamente con mi experiencia personal, confirmándome con certeza absoluta que había encontrado mi verdadero camino. Durante este intenso período de formación, mis habilidades mediúmnicas se potenciaron extraordinariamente, permitiéndome establecer conexiones cada vez más nítidas con el mundo espiritual y sus mensajes de sanación.
Los primeros años ejerciendo como terapeuta fueron de aprendizaje constante y revelador. Cada cliente que la vida traía a mi consulta me enseñaba algo nuevo y valioso, no solo sobre mi práctica profesional sino sobre mi propia esencia. Descubrí que mi historia personal de dolor y superación me había otorgado una sensibilidad especial para reconocer el sufrimiento en otros y acompañarlos con una empatía genuina y transformadora. Las canalizaciones comenzaron a integrarse naturalmente en mis sesiones terapéuticas, ofreciendo perspectivas elevadas y sabiduría ancestral que trascendían ampliamente mi conocimiento personal.
Con el paso del tiempo y la experiencia acumulada, comprendí que mi propósito más elevado no era simplemente sanar a otros, sino guiarles amorosamente a reconocer su propio poder sanador interior. Cada persona que llega a mi espacio terapéutico trae consigo todas las herramientas divinas que necesita para su transformación profunda; mi verdadero papel es ayudarles a recordar quiénes son realmente en esencia, más allá del dolor transitorio y las limitaciones ilusorias de la mente.
Hoy me reconozco plenamente como terapeuta, canalizadora y médium. He encontrado mi verdadero propósito de vida: mi trabajo no es simplemente lo que hago, es mi pasión más profunda y mi misión sagrada en este plano. Cada amanecer agradezco el camino recorrido, incluso los momentos de mayor oscuridad, pues han sido precisamente esos desafíos los que me han permitido descubrir mi auténtica esencia y ponerla al servicio de quienes buscan sanar y despertar. Gracias de corazón por permitirme acompañarte en tu propio viaje de transformación. 🌟
Con amor infinito, Anna